Días antes de su presentación en Buenos Aires, la actuación de Bad Bunny en el show de medio tiempo del Super Bowl trascendió lo musical y se convirtió en un gesto político de fuerte impacto en Estados Unidos, en medio del endurecimiento de las políticas migratorias impulsadas por el presidente Donald Trump.
El mensaje, cargado de identidad y orgullo latino, generó repercusiones inmediatas en la Casa Blanca y provocó la reacción airada del mandatario republicano.
Sobre el escenario del Levi’s Stadium, en Santa Clara, California, no se presentó solo una de las figuras más influyentes de la música global. Quien cantó fue Benito Antonio Martínez Ocasio, el artista puertorriqueño que utilizó el evento deportivo más visto del país para marcar presencia y enviar un mensaje claro a la comunidad latina: “Estamos acá”.
Fue un hecho inédito en la historia del Super Bowl. Por primera vez, el espectáculo de medio tiempo fue interpretado íntegramente en español, con una propuesta artística atravesada por referencias culturales, políticas y sociales, en un contexto de detenciones y deportaciones masivas de migrantes hispanos, incluso de personas con trámites migratorios en curso.

Una respuesta directa al discurso de Trump
La reacción de Donald Trump no tardó en llegar. Visiblemente molesto, el presidente calificó el show como “uno de los peores de la historia” y lo consideró una ofensa a los valores estadounidenses. “No representa nuestros estándares de excelencia ni creatividad. Nadie entiende lo que dice”, escribió en sus redes sociales.
Lejos de ser una provocación aislada, el espectáculo fue concebido como un rescate de las raíces latinoamericanas, con banderas de distintos países del continente, coreografías tradicionales y gestos de respaldo a una comunidad que atraviesa uno de los momentos más difíciles de las últimas décadas.
La presentación incluyó la participación de Ricky Martin, quien interpretó Lo que le pasó a Hawaii, una canción de protesta sobre la situación de Puerto Rico y su relación histórica con Estados Unidos.
“Al cantar en español y anclar su propuesta en la identidad puertorriqueña, Bad Bunny colocó la experiencia latina en el centro del escenario más masivo del país”, analizó Arda. Según la experta, desde lo cultural reafirmó el peso de la comunidad latina en el mainstream estadounidense, y desde lo político expuso la distancia entre esa realidad social y las políticas migratorias del gobierno.

El malestar no se limitó a Trump. Sectores de la derecha radical estadounidense intentaron desacreditar y boicotear el show. Según publicó The Washington Post, hubo campañas de indignación por el uso del español y hasta declaraciones que negaban erróneamente la ciudadanía estadounidense de los puertorriqueños.
En paralelo, la organización conservadora Turning Point USA organizó una transmisión alternativa con artistas de música country, como Kid Rock y Brantley Gilbert, en rechazo al espectáculo oficial.
Desde la comunidad migrante, el impacto fue muy distinto. La abogada mexicana María Elena Valdivia, integrante de la organización Migrantes y Minorías de Florida, aseguró que la presentación la dejó profundamente emocionada. “Nos dio identidad a todos, aunque no todos nos llamemos Benito”, expresó.
Para Valdivia, el show fue un mensaje contundente de visibilidad y pertenencia. “Bad Bunny mostró a América como un continente entero, de norte a sur. Hizo visible lo que muchos quieren ignorar”, afirmó.
Además, sostuvo que la actuación marcó un punto de inflexión: “No fue solo representación. Fue resistencia. Hay un antes y un después de este Super Bowl”.
Por: Pedro Mercuriali













